Cero Mora: cuando la gestión se convierte en justicia

4 de diciembre de 2025

A veces vuelvo sobre una pregunta que ya hemos sopesado en otras ocasiones: ¿se puede realmente medir la justicia?,  ¿Se mide en tiempo de respuesta, en acceso, en trato, en resultados… o en algo más? ¿puede un indicador captar la complejidad que supone la resolución de conflictos humanos?.

Son preguntas legítimas, pero con los años he aprendido que, si bien la justicia no se deja atrapar completamente por un instrumento estadístico, medir no la empobrece: la hace más responsable frente al tiempo de las personas. La semana pasada hablábamos de la justicia como ese pilar invisible del desarrollo nacional, esa infraestructura silenciosa que sostiene la economía y la convivencia sin protagonizar fotografías ni inauguraciones. Hoy quiero avanzar un paso más y compartir una convicción que se está instaurando poco a poco: cuando un sistema judicial aprende a medir bien la mora que tiene, aprende a servir mejor.

Además de nuestra propia experiencia dominicana, la evidencia internacional ha sido una guía en este proceso. La Comisión Europea para la Eficiencia de la Justicia, en su "Guía para tiempos judiciales y reducción de la mora"– traducción de Judicial Timeframes and backlog reduction tool- ofrece una metodología que ha cambiado la manera en que comprendemos el atraso judicial.

Lo que más me impactó fue la claridad con que plantea algo que solemos pasar por alto: la mora no es un bloque homogéneo, sino un conjunto de cuellos de botella específicos que solo se revelan cuando uno observa sistemáticamente el flujo de casos. 


Sin datos, el atraso es un rumor; con datos, se vuelve un mapa que se puede transformar. Esa premisa sencilla inspiró muchas de nuestras decisiones en el Poder Judicial dominicano.


Lo mismo ocurre con el marco de desempeño judicial de la OCDE, el cual insiste en que la justicia debe observarse desde la perspectiva de quienes la necesitan, no desde la comodidad de quienes la operan. Tiempos razonables, claridad informativa, procedimientos comprensibles y previsibles. Medir es, en realidad, un ejercicio de empatía institucional: escuchar lo que el tiempo de la ciudadanía nos dice sobre nuestro propio desempeño.

Y  volviendo al enfoque desarrollista que tratábamos la semana pasada,  los estudios del Banco Mundial, muestran que la justicia se fortalece cuando entiende cómo cada peso invertido se convierte en días ganados para el usuario.

Toda esta reflexión encontró en la República Dominicana un terreno fértil para la acción. Cuando emprendimos la transformación del Poder Judicial, una parte del país creyó que el cambio vendría únicamente de la tecnología; otra, que vendría de reformas legales. Sin embargo, la experiencia acumulada nos mostró que la verdadera revolución sería más discreta y profunda. 


La reforma más poderosa no ha sido la más visible, sino la más disciplinada: instaurar una cultura de gestionar la mora día a día hasta que primero dejara de crecer y luego comenzara a revertir.


Así nació nuestro enfoque de Cero Mora, no como un lema, sino como un método de trabajo. No buscaba eliminar de golpe todos los expedientes atrasados del país, sino asegurar que cada tribunal hiciera algo fundamental: no generar nueva mora estructural. Que cada día salieran al menos tantos casos como entraban. Que la organización del trabajo se basara en prioridades verificables. Que las audiencias se fijaran dentro del plazo de la ley. Que la carga de trabajo se distribuyera según la evidencia y no según la intuición. Cero Mora es, ante todo, una disciplina que cambia la cultura jurídica desde adentro.

Las comparaciones internacionales demuestran que este no es un camino aislado. Los países que han logrado reducciones sostenidas del atraso lo hicieron no mediante grandes gestos, sino mediante constancia, buena gestión y disciplina institucional. No se trata de copiar modelos extranjeros, sino de aprender de las mejores prácticas y adaptarlas a nuestra realidad. Por eso insisto en algo que hoy me parece evidente: la justicia dominicana se ha transformado no por replicar lo que otros hicieron, sino por asumir que podemos aprender de todos y construir algo propio.

La transformación digital acompañó este proceso, pero no lo sustituyó. El expediente judicial digital, las notificaciones electrónicas y la trazabilidad documental aceleraron procesos, pero el verdadero impulso vino del cambio en la forma de pensar el tiempo judicial. 


Las herramientas digitales abren puertas, pero es la gestión la que nos hace atravesarlas. Los datos sirven de brújula, pero somos nosotros quienes decidimos hacia dónde dirigir cada esfuerzo.


He leído muchas veces la afirmación de que la justicia no se puede medir. Después de vivir este proceso, puedo afirmar lo contrario: lo que no se mide no se gestiona, y lo que no se gestiona no mejora. Medir no reduce el sentido profundo de la justicia; más bien lo protege. Nos obliga a rendir cuentas. Nos enfrenta a la realidad. Nos invita a aprender. Y, sobre todo, nos recuerda que la justicia no es un concepto abstracto, sino un servicio público cuyo valor depende del tiempo en que llega.

Hoy, al reflexionar sobre este recorrido, comprendo que la verdadera pregunta no es si se puede medir la justicia, sino cuánto podemos mejorar cuando decidimos hacerlo bien.

Por eso, es importante subrayar que Cero Mora no compite con la calidad judicial: convive con ella y la fortalece. La gestión del tiempo solo tiene sentido cuando se acompaña de una jurisprudencia sólida y de sentencias motivadas con rigor, porque una justicia oportuna debe ser, al mismo tiempo, una justicia bien fundada.


Publicado en HOY Digital

Cero Mora: cuando la gestión se convierte en justicia

Subscribe
Notify of
guest
0 Comments
Más antiguo
Más nuevo Most Voted
Comentarios en línea
Ver todos los comentarios